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lunes, 24 de noviembre de 2008

Venezuela está cansada del discurso confrontacional


El Poder y el Delirio - Televisa


Carlos Loret de Mola conversa con Enrique Krauze sobre las elecciones en Venezuela. 24 de noviembre

Chávez, el golpeteo del socialismo del siglo XXI

Entrevista elecciones Venezuela.mp3 -

Carlos Puig conversa con Enrique Krauze sobre los resultados de las elecciones venezolanas. 24 de noviembre.

La política del odio



Hoy se realizan las elecciones regionales (22 gobernaciones y 326 alcaldías) en una Venezuela que cada vez se parece más a las ‘banana republic’ de los años 70.

Se parece, porque quien ostenta el poder (que no va a aceptar perder en los comicios), anunció la salida de tanquetas a las calles, para ‘persuadir’ a aquellos que todavía no estén convencidos de que la revolución del clan de Hugo Chávez es el que le conviene a ese país.Las elecciones llegan en momentos en que la Venezuela de noviembre, no es la misma de hace un año, que nadaba en petrodólares que el gobernante regalaba muy dadivoso a los vecinos que ven con buenos ojos su forma de ejercer el poder y la política (Bolivia y Ecuador, principalmente), aunque también ha incursionado en Cuba y en algunos países asiáticos que no tienen a la democracia como su forma de gobierno.Los candidatos de Hugo Chávez para estas elecciones, hacen parte de su círculo más cercano familiar, como cuñados, hermanos y hasta su propio padre, y de quienes lo siguen acompañando en su apuesta militar, que cada vez son menos de los que originariamente lo secundaron en el golpe que le dio a la clase política venezolana, por medio de las urnas. En diciembre del año pasado, Chávez tuvo su primera gran derrota electoral, ya que los venezolanos no le aprobaron el referendo reeleccionista, que permitía que fuera mandatario hasta que quisiera. Como los responsables de esa derrota fueron, mayoritariamente movimientos estudiantiles, comenzó una persecución que ya ha cobrado la vida de varios de esos líderes, aunque nadie se atreve a afirmar que sea un crimen de Estado.
Enrique Krauze, es un historiador mexicano muy reconocido en latinoamérica, que acaba de lanzar el libro El poder y el delirio, sobre el caso de Hugo Chávez. En una reciente entrevista, afirmó que Chávez tiene un delirio de poder, y que si algo enseño el siglo XX “es que la concentración de poder en manos de líderes carismáticos sólo ha traído violencia, guerra y muerte”. Krauze incluso afirma que le parece extraño que los venezolanos no se estén matando por sus ideas. Pero que no haya pasado hasta ahora, no quiere decir que no ocurra si los resultados de hoy le son adversos al régimen chavista.
Editorial (La tarde.com, Pereira, Colombia, 23.11.08)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Prevé Krauze nuevo revés para Chávez

Ciudad de México  (19 de noviembre del 2008).-   Si la oposición en Venezuela logra mantener los cargos de elección que ya tiene y conquista unos cuantos más en los comicios del próximo domingo, podrá considerarse un paso adelante en el movimiento que comenzó en diciembre del año pasado, cuando la mayoría de los venezolanos votaron en contra de las reformas constitucionales del presidente Hugo Chávez, estima el historiador Enrique Krauze.

Tanto los partidos opositores al oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela -que han sumado sus fuerzas en candidaturas de unidad-, como el mismo Chávez, se muestran optimistas de su triunfo en el proceso donde se elegirán 22 gobernadores 328 alcaldes y 233 responsables de concejos regionales. Actualmente la oposición gobierna en 7 de esos estados y cerca de 60 municipios. 

El director de la revista Letras Libres dice que no se atrevería a lanzar predicciones, pero confía en que se inicie un "tránsito pacífico en donde Chávez poco a poco se vaya convenciendo de que el camino del autoritarismo mesiánico y de una estatización pronunciada de la economía y del liderazgo carismático no es el camino del socialismo del siglo 21". 

Días antes del proceso electoral, ya circula en Venezuela El poder y el delirio (Tusquets, 2008), en el que Krauze pone a discusión de diversos actores la historia reciente del país. 

"Me imagino que a algunos les va a gustar y algunos lo van a criticar mucho. Yo sólo espero que ayude al debate sobre la democracia, la revolución, el socialismo y la libertad, esos temas eternos en Venezuela y en la región", dice el director de la editorial Clío. 

Para llevar a cabo lo que en un principio sería un ensayo, Krauze viajó por primera vez a Venezuela, motivado por el referéndum del 2 de diciembre pasado, donde se votó en contra de la intención del gobierno chavista de modificar la constitución, entre otras cosas, para garantizar su permanencia en el poder. 

¿Es Venezuela como la imaginaba?

Venezuela desde hace muchos años fue un país que pertenecía a mi biografía, ante todo por mi amistad con Alejandro Rossi, a quien está dedicado el libro. Venezuela siempre fue uno de nuestros temas y yo aprendí, a través de Alejandro, a conocer algunas facetas de su ancestro, el famoso general Páez, fundador de la república venezolana, y luego algunos rasgos de esa compleja, violenta, tiránica, historia de Venezuela. Aprendí también a admirar la modernidad del pensamiento de Bolívar y la extraordinaria importancia de Rómulo Betancourt en la historia democrática de nuestro continente. 

Esos temas, y otros muchos que tienen que ver con asuntos ya no políticos, sino literarios, fueron el fundamento íntimo de este libro, de modo que yo he sentido la historia de Venezuela un poco mía a través de mi amistad con Alejandro. 

En este último decenio he visto con particular interés, por razones estrictamente históricas y políticas, lo que ha ocurrido allá, porque es el desenvolvimiento de un proyecto revolucionario que retoma mucho de lo que fue y sigue siendo el proyecto revolucionario de Cuba, y que a mi juicio representa una vía de socialismo no solamente distinta sino irreductiblemente opuesta e incompatible con la democracia liberal. 

Fui siguiendo el proceso y me hice, a lo largo de ese trayecto, de nuevos amigos venezolanos -como Américo Martín, el ex guerrillero y ahora luchador democrático- que me fueron metiendo en esa realidad. Cuando ocurrió el 2 de diciembre del 2007, el referéndum en torno a las reformas constitucionales que propuso Chávez y que no se aprobaron, entonces sí mi emoción llegó a niveles suficientes como para viajar a Venezuela, conocer esa realidad. 

Tras la realización de este libro, ¿aprendió algo sobre México?

Decía Hugh Thomas, el gran historiador de la guerra civil española, que quien sólo conoce España no conoce España, y yo creo que quien sólo conoce México no conoce México. Si conocemos las otras ramas del tronco iberoamericano, podemos conocernos mejor. 

He aprendido una lección que me parece invaluable y es el modo en que Venezuela perdió su democracia liberal. Esa democracia liberal que les costó tanto trabajo construir a partir de 1959 se desvirtuó con la llegada de un líder carismático que, aunque ha ido ganando las elecciones en los últimos años, también ha ido restringiendo las libertades y concentrando el poder de tal manera que se va asfixiando la democracia.

Al estudiar a Venezuela aprendí cómo se suicidan las democracias, que las democracias, y eso lo sabían desde los griegos, se pierden; las democracias hay que defenderlas, hay que cuidarlas, no se conquistan de una vez y para siempre. 

La democracia venezolana en los años 90 se perdió porque sus élites rectoras, empresariales, mediáticas, políticas, intelectuales, culturales y sindicales la dejaron morir. Propiciaron un clima adverso a la política misma, hundieron a los partidos en el desprestigio, gobernaron y actuaron de espaldas a las necesidades sociales de la mayoría de los venezolanos y prohijaron el desprestigio de la democracia. Rompieron una libertad constitucional de muchos decenios y esa democracia tal como era, una democracia imperfecta en muchos sentidos pero en la que había alternancia de poder, juego de partidos y libertades cívicas, esa democracia se perdió. 

No es una dictadura, pero ha habido una restricción de las libertades democráticas, un cerco paulatino y una concentración del poder en manos de este líder carismático; esa concentración es estrictamente antidemocrática. 

Todas estas cosas son como lecciones de lo que en México no debemos permitir que ocurra. Pero yo no escribí este libro pensando en México, lo escribí pensando en Venezuela y en América Latina en general. 

Si no es una democracia, ni una dictadura, ¿cómo calificar al gobierno de Chávez?

Es una autocracia con formas democráticas que poco a poco han ido sufriendo un proceso de cercado y que está en peligro de convertirse, si este proceso avanza, en un país totalitario. Es decir, no es casual que Chávez haya dicho que Cuba es algo así como un mar de felicidad; basta visitar Cuba para darse cuenta que no es el mar de felicidad. No puede decirse que es el mar de la felicidad ningún país. 

La vocación social de un régimen, como vimos en el caso de Lázaro Cárdenas, pro ejemplo, no tiene por qué sustentarse en la concentración absoluta del poder en una persona. 

Cárdenas, lo mismo que Betancourt en Venezuela, repartió tierras, nacionalizó el petróleo. Betancourt propició la creación de la OPEP, propició repartos de tierra y programas sociales muy importantes y no hubo ninguna necesidad de concentrar el poder.

México ha estado cerca de una democracia como la que encabezó Betancourt en Venezuela. 

Betancourt da inicio a la democracia venezolana en el 59, junto con Caldera y otros líderes, y puede decirse que México alcanzó a Venezuela en el año 2000. En este momento en México, con todos sus defectos, tenemos un orden democrático, inestable, frágil, joven, pero lo tenemos. Hay alternancia de poder, hay una variedad y pluralidad de poder. Lo mismo ocurría en Venezuela en los años 60, con la única característica de que Venezuela tenía una guerrilla muy activa, y esa democracia resistió tanto a la guerrilla financiada por Cuba, como a los golpes de estado de derecha, porque Betancourt sufrió un atentado de parte de Leónidas Trujillo, el dictador de República Dominicana. 

Cuidar nuestra democracia y propiciar que América Latina se enfile de manera franca en el siglo 21 hacia la normalización de la democracia, como ocurre en Brasil o en Chile o Uruguay, es el valor fundamental que me impulsó a escribir este libro. 

¿Por lo pronto hay en México algún peligro para la democracia?

Está el riesgo del narcopoder. Que haya una infiltración mucho mayor en los procesos electorales es algo en lo que el IFE y los partidos tienen que estar muy atentos. Ese es un peligro real, estaríamos corriendo un riesgo muy grande de desvirtuar la democracia por la vía del narcopoder.

Y siempre existe la tentación mesiánica y caudillista; y por otro lado probablemente también vayamos a tener la tentación de una restauración de esa especie de monarquía con ropajes republicanos que era el sistema político del PRI. 

Los riesgos existen sin duda, hay que estar alertas, pero no creo que estén a un nivel alarmante. Al contrario, pienso que con todos sus defectos y problemas, nuestra democracia ha ido avanzando, se ha ido consolidando.

No están dadas, y espero que nunca estén, las condiciones que yo narro en este libro que provocaron el suicidio de la democracia venezolana. 

¿Tampoco están dadas las condiciones para el surgimiento de un caudillo como Chávez?

Estuvieron dadas y ese caudillo surgió, existe y ahí está; y pueden surgir otros caudillos. Siempre está latente en nuestros países la sombra del caudillo, siempre está en el horizonte la sombra del caudillo. Nuestros países nacieron de un orden rígido, monárquico; cuando se hunde el gran barco, el trasatlántico español, y surgen las repúblicas latinoamericanas, se proponen ser repúblicas democráticas liberales, un poco a la manera de la república francesa o americana, con el ideal republicano clásico, pero no lo logran porque la sociedades mismas no son republicanas. En dos siglos, entre golpes de estado, revoluciones y caudillos, a trompicones, algunos países han ido consolidando sus democracias. 

En Chile, el más ejemplar, viejas tradiciones republicanas desde el siglo 19 poco a poco fueron consolidando países modernos en lo político. Venezuela, en cambio, tuvo dictaduras hasta 1935 y guerras civiles hasta principios del siglo 20; ahí el caudillismo fue mucho más profundo. En el nuestro nunca ha dejado de haber caudillos, pero el caudillismo digamos que se institucionalizó con la presidencia del PRI, era una especie de caudillo que cada seis años tenía que bajarse de la silla. El carisma no estaba tanto en la persona del presidente, sino en la institución presidencial. 

¿Ha podido responder la pregunta de Américo Martín de por qué el sueño de la revolución engendra monstruos?

Goya decía que el sueño de la razón engendra monstruos,y también el de la revolución, eso lo supieron los primeros revolucionarios de la revolución francesa, lo supieron los bolcheviques y muchos que hicieron la revolución con Castro y que murieron devorados por esa revolución. 

La revolución elevada al nivel del mito, uno de los grandes y poderosos mitos del siglo 19 y del siglo 20, en efecto, engendra monstruos. La idea de que una revolución puede cambiar, volver al origen, instaurar de golpe y porrazo un amanecer de la historia, la fraternidad, la igualdad, la justicia; esta idea generosa traducida a la realidad ha llevado a sociedades monstruosas. 

¿Quiere eso decir, como piensan los conservadores o reaccionarios, que hay que cruzarse los brazos y volver al orden antiguo y al poder de la iglesia y cosas así?, por supuesto que no. Como buen liberal uno debe pensar que la vía no es la revolución sino la reforma; la reforma que siempre es paulatina, fragmentaria y que va logrando poco a poco las cosas. 

Las revoluciones siempre actúan a través de la violencia, porque siguen ese dictum de Marx de que la violencia es la partera de la historia. No, yo creo que la violencia es la partera de la violencia y la única cosa que realmente ha logrado eficacia en la falible historia humana es la reforma, los cambios paulatinos, fragmentarios, y esto lo hemos vivido en México. Estamos construyendo una vida democrática más o menos normal y lo hemos logrado no con liderazgos mesiánico-carismáticos, lo hemos logrado con acuerdos, con reformas, con pasos limitados, pero sustanciales. 

¿Revolución y democracia digamos que son incompatibles?

En última instancia pienso que sí. Este es un país que adora la revolución, es uno de los pocos países que tiene tantas calles llamadas revolución, ya es parte de nuestro lenguaje, de nuestra mitología. Usamos la palabra revolución siempre en un sentido positivo, sin pensar en la sangre, el dolor, el hambre, la muerte que las revoluciones dejan a su paso. 

En el caso venezolano se trata de una revolución que no ha cobrado muertos, porque Chávez no es un hombre sanguinario; no obstante, gracias al poder del petróleo, al poder de su carisma, a su contacto con la gente, está encabezando un proyecto cuya intención final es la de una especie de réplica cubana pero con la fuerza del petróleo. 

Esta idea de tener poderes comunales sin que pasen por un proceso electoral, desdibujar a los estados y municipios y alcaldías y crear comunas que eligen de manera plebiscitaria a sus líderes, lleva a subrayar los aspectos dictatoriales. Es un diseño que no tiene porqué admitirse para el siglo 21; y si en un socialismo podemos soñar todavía en el siglo 21 es un socialismo que tenga un encuentro con el liberalismo, como lo están viviendo Chile y Brasil. 

Los grandes teóricos del socialismo ruso del siglo 19 sabían que un socialismo sin libertad es un socialismo autocrático, opresivo y contradictorio. 

Gran parte del problema en Venezuela parece ser el petróleo, como en México. ¿Hemos aprendido a controlar a esta especie de monstruo?

López Velarde dijo que "El niño Dios nos escrituró un establo y los veneros del petróleo, el diablo". El niño Dios, quiere decir, lo bueno, lo divino, lo moral, es el establo, lo cual supone que es el trabajo humano; pero el diablo, que siempre acecha, nos escritura los veneros del petróleo, que es la riqueza fácil, la abundancia rápida, y es una maldición, lo ha sido para los países en África y en cierta medida lo ha sido también para México. 

Hay que saber administrar esa riqueza y yo me temo que ni en México, y mucho menos en Venezuela, se ha sabido administrar. Cuando escribí ese libro el petróleo estaba en 140 pesos; Chávez declaraba que si Estados Unidos seguía insistiendo en sus actitudes imperiales, él podía lograr que el petróleo llegara a 200. Esa soberbia me suena a la soberbia de los gobernantes mexicanos de los años 80. Todo ese edificio está construido sobre el ladrillo del precio del petróleo. 

Cuando hablé con varios de los ministros de él les pregunté qué ocurriría si cae el petróleo y me dijeron que ese era un supuesto negado por la realidad. En este mundo, después de lo que hemos vivido, del 11 de septiembre, de la crisis que estamos viviendo, nadie puede decir que tiene elementos para prever lo que viene. 

Germán Carrera le dice que en la democracia venezolana son las dos de la mañana, ¿qué hora le parece que es en la democracia mexicana?

Las ocho de la mañana. Ya nos amaneció, pero tenemos que saber administrar y planear bien el día y no confiarnos. Esperemos que lleguemos al mediodía y que dure mucho. 

¿A usted, como a Germán Carrera, le parece que México es un país monárquico?

Yo diría que México era un país monárquico, era una monarquía sexenal absoluta. Ya no lo es. Si algo hemos logrado en México es desmontar la monarquía con ropajes republicanos que teníamos. Ya el presidente no es el monarca absoluto. Pero Chávez, sí, puede endeudar y gastar los fondos de la petrolera venezolana como si fuera su chequera personal. En la parte final del libro tomo en serio esas ideas y propongo una discusión en torno a la restauración monárquica de Hugo Chávez. 

Hay una cosa autocrática monárquica, pero con métodos de propaganda y de movilización que me parecen más fascistas que socialistas. La palabra fascista que ellos utilizan, el insulto preferido en un radical de izquierda, es un bumerán, y lo único que hace es retratarlos a ellos. 

Los estudiantes en Venezuela han jugado un papel muy importante en diversos momentos históricos, el más reciente en diciembre del año pasado. ¿Qué papel tienen los estudiantes en México?

Los estudiantes mexicanos son un sector muy consentido, muy apapachado, que no tiene idea de lo que significa perder la democracia y la libertad. O están entregados a una especie de hedonismo más o menos adolescente, o son adolescentes fósiles o en algunos casos siguen con la ensoñación revolucionaria, no de tomar ellos las armas, pero sí admirando a figuras de la mitología revolucionaria, sin darse cuenta y sin conocer de verdad lo que esas historias implicaron. 

Yo le pregunté a todos los guerrilleros de los años 60 qué pensaban de su pasado y todos viven con remordimientos, y piensan que si algunos estudiantes en países como México siguen apegados a esa idea es porque no han vivido en carne propia lo que es una guerrilla y lo que es un régimen como el cubano. Es muy fácil ser "progresista" para afuera, pero no imaginar lo que esos regímenes significarían instaurados en un país como el nuestro. 

Por eso los estudiantes venezolanos han madurado tan rápido, porque vivir el peligro de una sociedad totalitaria moviliza a los jóvenes, porque es como quitarles el futuro. En México, la misma suavidad de la transición democrática ha vuelto perezosos y algo irresponsables y hedonistas a nuestros jóvenes. 

¿Y eso no se convierte en un riesgo?

Claro que sí, porque dónde están los nuevos liderazgos políticos. Eso sí debería preocupar a los partidos, que no están atrayendo a los jóvenes, porque no hay una oferta para ellos. Es difícil que la juventud mexicana entienda a fondo lo que es la democracia liberal; espero que no tenga que llegar el momento en que perdamos la democracia liberal para que los jóvenes despierten y reaccionen. 

Usted dice que en Venezuela se libra una batalla entre la verdad histórica y la mitologización de la historia, ¿próximos al centenario de la revolución y el bicentenario de la independencia, cómo estamos tratando a la historia actualmente en México?

En México hemos sido y seguimos siendo presas de la mitologización de la historia, como si la historia mexicana hubiera empezado en 1910 ó 1810. La historia mexicana es mucho más amplia que la revolución de Hidalgo o la revolución de Madero, son dos momentos muy importantes, pero para mí la época de la reforma, fue como definición de México mucho más importante que estos dos movimientos, porque nos dio un país secular, nos dio las libertades, la república misma. 

Lo que se requiere en México es que en vez de sacralizar la historia la debatamos. Luis González decía esta frase maravillosa: "debemos dejar de ver la historia a través de los revolucionarios y empezar a ver qué pasaba con los revolucionados".

Yo podría hacer el recuento de muchos mitos que todavía siguen vivos y que, a juzgar por el tono de los festejos que estamos empezando a ver, no veo que se estén poniendo en entredicho.

El padre Ugalde le dice que la historia demuestra que con frecuencia la fe cristiana y la iglesia católica actúan mejor en momentos de crisis que cuando son bien tratados por el poder. ¿En México qué rol juega actualmente la iglesia?

También es una institución que cuenta con prestigio y crédito público muy profundo, la iglesia es la más antigua de las tradiciones mexicanas y sin embargo no veo liderazgos modernos y democráticos en la iglesia. Quizá le esté pasando lo mismo que a los estudiantes, están medio apoltronados, demasiado satisfechos y con poco sentido crítico. 

Después de la realización del libro, ¿su tesis sobre Chávez cambió o se reforzó? 

Al leer las biografías de Chávez, antes de mi visita, empecé a formarme la idea de que se trata de un venerador de héroes, que al estar venerando a los héroes de su país y a otros héroes latinoamericanos estaba secretamente comenzando a esculpir su propia estatua para el siglo 21. 

Ahora creo que es la encarnación del poder carismático, como otras encarnaciones ha tenido este poder en el siglo 20, y en ese sentido me parece incompatible con la democracia porque la democracia tiene sobre todo con ver con la limitación, la conducción, la vigilancia y la crítica del poder. La democracia tiene que ver con un poder acotado, no con un poder delirante.

Karla Garduño (en Reforma, 19.11.08)

martes, 18 de noviembre de 2008

"El modelo de Chávez no podrá contagiar el continente"




Ya no resulta una novedad que historiadores y ensayistas como Enrique Krauze posen su mirada sobre el fenómeno político venezolano y lo analicen a la luz de sus ideologías, de sus enfoques personales o de la pasión política. Muchos lo han hecho y lo siguen haciendo, algunos, incluso, por encargo.
El mexicano Krauze, quien no necesita presentación (director de Letras Libres, autor de obras fundamentales para la comprensión de la historia de su país y vinculado a Octavio Paz hasta su muerte, lo hace en su libro El Poder y el Delirio (editorial Alfa), bajo una perspectiva, como él mismo lo advierte "democrática y liberal".
En clave de la "historia del presente" y a través de una enjundiosa tarea de rastreo, investigación "in situ" y acumulación de todo tipo de testimonios, donde no escasea la voz del chavismo, Krauze se adentra en la jungla política nacional para ofrecernos una visión cuidadosamente desapasionada, pero comprometida con la salida que en 1989 definiera Octavio Paz: "..la reconciliación de las dos grandes tradiciones políticas de nuestro tiempo: el liberalismo y el socialismo". Una reconciliación que en el caso de Chávez, según Krauze, se convierte en divorcio.
-Afirma usted en el libro que Chávez no pertenece a la genealogía marxista ni socialista, sino a la fascista, a la cual se adscribe, aún sin haberla leído, bajo doctrina de Thomas Carlyle, gran legitimador del poder carismático en el siglo XX que Chávez representa "como ningún otro líder mundial, hasta ahora, en el siglo XXI". ¿No le otorga usted a Chávez y a su poder de convocatoria unas dimensiones exageradas?
-Desgraciadamente no, pero tampoco lo estoy encomiando. Hasta ahora todos creíamos que el siglo XX se había purgado a sí mismo, (luego de Mussolini, Hitler, Mao, Stalin), de todos esos rasgos comunes al nazismo y al comunismo, entre ellos el culto a la personalidad. Esto último más pronunciado en el fascismo porque éste concibe la historia como labrada por los héroes, aquellos por los cuales los demás deben sentir apego, obediencia y veneración. Es el caso de Venezuela, donde millones de personas, por fortuna no todas, están en esa situación que, además, él (Chávez) está propiciando en otras partes. El culto al hombre fuerte, que debe decidirlo todo, está en él, al igual que en su padre (simbólico), Fidel Castro.
-¿Tiene Chávez tanto poder como para inducir el renacimiento del fascismo y contagiar al resto del continente?
-No lo tiene. Tenía el arma poderosísima del petróleo, ahora disminuida. Dispone, sí, del poder ideológico, aunque está por verse, el próximo domingo, qué tan grande es en este momento. Ahora, voluntad de poder no le falta. Sólo que América Latina ha dado avances sustanciales en su modernización democrática y en la imposición de límites al poder. Si no lo pudo hacer Castro, con la fuerza mitológica de la revolución, no creo que logre alcanzarlo Chávez.
-¿Cataloga usted a Castro, entonces, como un ejemplo de fascismo?
-El castrismo es un facismo de izquierda, una suerte de franquismo de izquierda. Todos se parecen mucho, pero no se puede negar que Castro es un teórico. Ha trabajado los textos marxistas y ha tratado de aplicarlos con una receta parecida a la soviética, bajo la forma leninista: todo el poder concentrado en él. En el libro traigo a colación la crítica que Plejánov (uno de los autores favoritos de Chávez) hacía de Lenin y que es perfectamente aplicable a Castro y a Chávez: la concentración de poder en una persona.
-Cita usted a Marx ("18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte"), quien en esa obra condena el despotismo de Napoleón III. Pero, ¿no es precisamente la concepción marxista del poder la que conduce a una de las formas clásicas del totalitarismo?
-Hay una polémica, dentro de la tradición marxista, sobre si en las nociones de Marx ya estaba incubada la dictadura leninista, la concepción totalitaria. Según Bakunin (para muchos padre del anarquismo), sí estaba, pero para críticos como Plejánov, o incluso, Trostki, no estaba.
-¿No ha demostrado la historia todo lo contrario?
-Sí, en ambos casos, fascismo y comunismo. Pero dado que Chávez esgrime el socialismo del siglo XXI y cita a Plejánov como uno de sus autores de cabecera, yo me limito a señalar la crítica de este autor y de otros (incluso Marx), a la concentración de poder. Ellos son precursores, profetas, de lo que ocurriría en el siglo XX. Ahora, el mayor profeta es Carlyle, sólo que éste aplaude lo que acertadamente vislumbró, mientras los otros lo critican. El hubiera visto los totalitarismos con muy buenos ojos.
-Toda forma totalitaria de poder se involucra en la liquidación de la democracia, aun cuando dictadores como Hitler llegaron al poder gracias a elecciones...
-Sí, pero cuando llegan al poder, inmediatamente licuan a la democracia.
-Chávez tiene diez años gobernando y todavía debe enfrentar elecciones. Elecciones, incluso, que pierde.
-Sin embargo, no es algo que le guste. El ha estado luchando contra esa institución. Todavía no le he escuchado un elogio a la democracia. Si la democracia es el gobierno de las mayorías con respeto a las minorías, efectivamente él no respeta a las minorías.
-Pero no ha podido destruir la democracia.
-No ha podido. No sé si lo logre. Ojalá no. Pero no ha podido porque, por un lado, no ha tenido necesidad de hacerlo por la fuerza de su poder carismático y su oferta petrolera. Y por el otro porque los elementos auténticos de vocación social de su programa le han acarreado las mayorías. Pero la democracia es mucho más que elecciones.
-¿No resulta una aberración apelar a la gente, en elecciones, para que vote por la supresión de sus derechos y consagre, como se intentó, la permanencia perpetua de alguien en el poder?
-El primero que usó eso, plebiscitariamente, fue Luis Napolén III. Luego Marx lo denunció.
-A la luz de esas reflexiones, ¿tiene su proyecto posibilidades de sobrevivir?
-Todo depende de la caída del precio del petróleo, de lo que ocurra el próximo domingo y del ímpetu democrático de un importantísimo sector de venezolanos. Pero no es una locura pensar que el factor Obama va a contar porque debe haber un cambio en las relaciones con Cuba. Eso va distender el ambiente. De manera que esos factores pueden radicalizar a un hombre cada vez más desesperado, dispuesto a abolir las formas de la vida democrática. Pero quiero creer que aunque este proceso tarde, quizás tenga un desenlace pacífico en el 2013, con la salida de Chávez al finalizar su período de gobierno. Uno desearía que los gobiernos que vengan, mantengan la vocación social chavista, sin renunciar a la democracia y liberando a los venezolanos de ese odio terrible que he percibido en mis visitas.

Roberto Giusti (en El Universal, Caracas, 18.11.08)

domingo, 16 de noviembre de 2008

Los peligros antidemocráticos

Porque la Italia de Mussolini, así como la Alemania de Hitler, como la Rusia de Stalin, o la Yugoslavia de Josip Broz Tito, en su momento aparecieron bajo promesas socialistas engañando descaradamente a sus naciones por la gran pobreza. Cosa parecidísima con este milico de turno y sus genuflexos de oficio. Pero si, socialismo para los boliburgueses de las camionetotas, Gringas, gringas, todas ellas por cierto. O los maletinzazos con bastantes dólares, gringos, gringos. ¿entonces? La revolución se alimenta de los dólares del popular imperio, y por supuesto del capitalismo.

Los peligros antidemocráticos continúan presente, y hoy más que nunca bajo una izquierda peregrina, vemos cómo el discurso disfrazado y sobre todo muy televisado, se mantenga una relación netamente instrumental con la democracia en el país.

Salir a votar, votar con conciencia y sobre todo, votar con paciencia para defenestrar el desquiciado socialismo del siglo XXI, como muy pertinentemente lo han llamado intelectuales como Fernando Mires en recientes publicaciones, o como lo ha venido advirtiendo Enrique Krauze, Mario Vargas Llosa, Álvaro Vargas Llosa, Fernando Rodríguez, Teodoro Petkoff, Alfredo Ramos Jiménez, Plinio Apuleyo Mendoza, Manuel Caballero entre otros intelectuales que se me escapan los nombres.

Los venezolanos estamos demostrando que queremos votar, porque, en los últimos sondeos a nivel nacional están reflejando que más del 80 % de los ciudadanos quieren participar en la venideras elecciones. Por ello, los discursos del presidente son tan incendiarios, simplemente se sabe derrotado, en por lo menos seis gobernaciones y muchas tantas alcaldías de importancia, y precisamente por eso debemos votar para comenzar a conquistar los espacios de poder y comenzar de nuevo a refundar el Estado venezolano.


Francisco Roberto García Samaniego (Analítica.com, Caracas, 15.11.08)

viernes, 14 de noviembre de 2008

Lo peor de Venezuela es el odio sembrado

El historiador mexicano Enrique Krauze, de 61 años, viajó a Venezuela el pasado 4 de diciembre, después de que Hugo Chávez sufriera su primer descalabro electoral. Chávez no pudo convencer a los venezolanos para que aprobasen una reforma de la Constitución por la que él podría presentar su candidatura a la presidencia tantas veces como quisiera. Perdió el referéndum. Y los responsables de aquella derrota, en buena parte, fueron los líderes estudiantiles. Krauze quería conocerlos. Y al verlos se sorprendió de que ellos llegaran a la cita con cuadernos y bolígrafos, para tomar nota de sus palabras. Krauze sólo les dio un consejo: "Tenéis que hacer que esto perdure".
       Casi un año después, el presidente venezolano se enfrenta el próximo 23 de noviembre a unas elecciones en las que están en juego 22 gobernaciones y 326 alcaldías. Chávez se ha entregado de lleno en la campaña al apoyo de los gobernadores y alcaldes de su partido. ¿Pero qué fue de aquellos estudiantes que tanto entusiasmaron a Krauze? "Aquel día les pregunté si sabían cómo iban a hacer que perdurase el movimiento que habían creado. No lo sabían entonces, y me temo que no lo saben ahora. Me preocupa la laxitud que se ha dado en los últimos meses y el protagonismo de algunos de sus líderes".

Krauze presentó ayer en España su libro El poder y el delirio, de la editorial Tusquets, sobre Chávez y Venezuela. Espera presentarlo también en Caracas cuatro días antes de las elecciones. Pero no está seguro de si viajará finalmente. "¿Usted cree que podré presentarlo sin que me echen del país?", pregunta. "El libro es mucho más mesurado que lo que el título puede dar a entender. Es sumamente respetuoso. No trato a Chávez ni de bufón, ni de loco, ni payaso, ni cínico. Y he hablado con varios chavistas y creo que algunos son personajes extraordinariamente complejos. No se puede simplificar. Pero lo titulé así porque creo realmente que lo que Chávez padece es un delirio de poder. Y si algo nos ha enseñado el siglo XX es que la concentración de poder en manos de líderes carismáticos sólo ha traído violencia, guerra y muerte".

"Chávez sigue soñando con la reelección indefinida", señala Krauze. "Gracias a su vigor físico, a su pasión ideológica y a su vocación social, que en mi libro reconozco, Chávez aspira a mantenerse en el poder. Yo, sin embargo, anhelo que con las próximas elecciones regionales la oposición gane en algunos Estados. Eso sería un avance hacia las elecciones parlamentarias de 2010. Y así, en las elecciones presidenciales de 2013, la competencia electoral podrá ser por fin justa".

        Para Krauze lo más "descorazonador" de la era Chávez es el "odio que ha ido sembrando". ¿Y no existía ya antes de Chávez? "No hasta ese punto. Él lo ha potenciado. Cuando en España se habla de crispación entre los seguidores de Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, yo me río. Lo de Venezuela sí que es crispación. Aquello recuerda a la España de los años treinta. Es un milagro que los venezolanos no se estén matando por sus ideas".


Francisco Peregil (El País, 14.11.08)

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La amenaza como estrategia electoral

Hugo Chávez ha vuelto a la carga. El presidente venezolano recordó el martes a los partidos de la oposición que compiten en las elecciones regionales del próximo 23 de noviembre que la suya "es una revolución que está armada" y que "el pueblo está dispuesto a defender el proceso revolucionario". El domingo había amenazado con apelar a los tanques de guerra si los electores dan el triunfo a "la oligarquía" en el Estado de Carabobo. Ese mismo día ordenó la toma militar de un aeropuerto en el Estado de Sucre, gobernado por el disidente del chavismo Ramón Martínez, a quien calificó de "asqueroso traidor". Y 15 días antes, el 9 de noviembre, había dicho que recurriría a un "plan militar" si la oposición, representada por "ese desgraciado" de Manuel Rosales, era reelegida en el Estado de Zulia. También ha dicho que llevará a la cárcel a Rosales y a Martínez, por "corruptos" y "conspiradores".
       Las amenazas con tanques, fusiles y cárcel, y la descalificación del adversario son las armas políticas que más ha empleado Chávez desde que se unió a la campaña por los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para las elecciones regionales. El centro de la diana han sido fundamentalmente las plazas electorales donde los partidos opositores o disidentes del chavismo controlan el poder o tienen opción de obtenerlo: Zulia y Nueva Esparta, los únicos Estados gobernados por la oposición tradicional de los 24 que conforman el país, y Sucre, Guárico y Carabobo, gobernados por antiguos aliados del oficialismo.

La ofensiva presidencial comenzó a principios de octubre, en medio de denuncias de un presunto plan de magnicidio efectuadas por el PSUV, en las que Chávez ha involucrado alternativamente a los gobernadores opositores. Por esa época advirtió que no enviaría recursos de la renta petrolera a aquellos Estados donde triunfara "la contrarrevolución", ya que el dinero podría ser empleado en conspiraciones para derrocarlo.

       A dos semanas de las elecciones, los efectos de esta confrontación ya comienzan a sentirse. Aunque las encuestas reflejan que los insultos de Chávez han fortalecido a sus adversarios en Estados tradicionalmente opositores como Zulia y Nueva Esparta, también muestran que este discurso comienza a surtir efectos favorables al oficialismo en sectores donde el chavismo se había atomizado. Según el analista Luis Vicente León, director de la firma encuestadora Datanálisis, el presidente Chávez ha escogido la estrategia de dividir el país para convertir las elecciones regionales en una suerte de plebiscito en el que se juega su permanencia en el poder, para apelar a la unidad de la disidencia. "Rosales representa a la oposición en genérico y al atacar a Martínez le dice a los chavistas que no se confundan, que votar por los disidentes es votar contra Chávez. El impacto que ha logrado con esto es malo en Zulia y en Sucre, por ejemplo. Pero en otros Estados como Táchira, Mérida, Miranda, Cojedes, Guárico y Barinas ha logrado acortar la distancia a favor de sus candidatos".

Maye Primera (El País, 12.11.08)