Chávez tillträdde sitt ämbete i februari 1999, och han satte genast igång med att utöka presidentmakten. Redan första året godkände 92 procent av de röstande förslaget att utarbeta en ny författning. I december samma år godkände 70 procent av de röstande Chávez ”bolivarianska” författning. Oppositionen kan sägas ha bidragit till den uppkomna situationen genom att uppmana till röstbojkott och stötta ett försök att avsätta Chávez. Oppositionen stödde också 2003 en två månader lång strejk vid det statliga oljebolaget PSVSA, en strejk som kom att öka Chávez makt i stället för att minska den. Chávez avskedade 20000 av de anställda vid oljebolaget som på många sätt utgjorde Venezuelas tekniska och ekonomiska elit. Han ökade samtidigt sin egen kontroll över företaget.
jueves, 12 de febrero de 2009
Chavez en sueco
Chávez tillträdde sitt ämbete i februari 1999, och han satte genast igång med att utöka presidentmakten. Redan första året godkände 92 procent av de röstande förslaget att utarbeta en ny författning. I december samma år godkände 70 procent av de röstande Chávez ”bolivarianska” författning. Oppositionen kan sägas ha bidragit till den uppkomna situationen genom att uppmana till röstbojkott och stötta ett försök att avsätta Chávez. Oppositionen stödde också 2003 en två månader lång strejk vid det statliga oljebolaget PSVSA, en strejk som kom att öka Chávez makt i stället för att minska den. Chávez avskedade 20000 av de anställda vid oljebolaget som på många sätt utgjorde Venezuelas tekniska och ekonomiska elit. Han ökade samtidigt sin egen kontroll över företaget.
martes, 6 de enero de 2009
Crear dos, tres, muchos Sambil
lunes, 5 de enero de 2009
De cómo Venezuela nos aventaja
Diputados 'kakos'
Paz Flores (Reforma, 20.Dic.08)
viernes, 12 de diciembre de 2008
Alerta Krauze a empresarios

miércoles, 10 de diciembre de 2008
Krauze y Vargas LLosa en Caracas

Cuando nos reuniéramos con Enrique Krauze en un cordial desayuno criollo en casa de Simón Alberto Consalvi, ninguno de nosotros podía augurar lo que estaría sucediendo exactamente un año después en nuestro país. Ni que de esa reunión nacerían dos muy importantes iniciativas: un maravilloso libro sobre Hugo Chávez, sin duda alguna la obra más importante escrita hasta hoy sobre este extraordinario proceso político, y un movimiento civil que se convertiría en referencia obligada de la vida política nacional: el Movimiento 2 de Diciembre Democracia y Libertad. Como lo recuerda en su libro, y ya lo habíamos olvidado, fue él quien tuvo la feliz ocurrencia de señalarnos que esa fecha tenía resonancias magnéticas y podría servir de nombre a un gran movimiento de opinión. Su propuesta no cayó en saco roto.
Simón Alberto Consalvi nos convocó a Elías Pino Iturrieta, a Elsa Cardozo, a Germán Carrera Damas, a Nelson Rivera, a Frank Viloria y a mí a desayunar en su casa del Alto Hatillo con el afamado historiador mexicano Enrique Krauze, a quien no conocíamos personalmente. No transcurrían 48 horas desde el histórico triunfo del NO del 2 de diciembre y los ánimos estaban exultantes. Krauze, un intelectual de aspecto anglosajón cercano a los 60, todavía joven aunque de hablar reposado y ávido de conocimientos sobre el apasionante proceso que vivimos los venezolanos, había sido tocado por la fascinación del trópico caraqueño. Ese golpe de magia que seduce a primera vista y genera lazos de apasionada relación, casi siempre indestructibles, como lo sabemos quienes lleguemos de paso y nos anclamos para siempre.
Fue en muchos aspectos un encuentro inolvidable. Acabábamos de derrotar por primera vez de manera inapelable al monstruo invencible, que se revolvía indignado de despecho y se aprestaba a lanzar su bautismo escatológico sobre una inobjetable y limpia victoria electoral. De las brumas de la confrontación emergía la figura fulgurante de un joven universitario a la cabeza del renacido movimiento estudiantil, Yon Goicoechea. Krauze no se resistió ni quiso resistirse al embate de nuestro entusiasmo. Se fue cargado de libros, de consejos, de apreciaciones sobre pasado, presente y futuro de nuestro atribulado país. Del intercambio de opiniones entre la situación mejicana y la venezolana recuerdos dos momentos particularmente memorables. “Están ustedes viviendo un despertar y puede que el amanecer les ande rondando muy cerca”, recuerdo haberle oído. “Nosotros los mejicanos, en cambio, puede que estemos entrando a lo más profundo de nuestra noche.” Ya nos despedíamos y como compromiso a futuro nos dijo, para nuestro asombro, “de lo que aquí suceda dependerá el destino de Centroamérica, de México y de América Latina”. Le suscitó particular admiración el despertar de un sentimiento auténticamente democrático y liberal en nuestra sociedad. Y prometió encontrarse cuanto antes con los estudiantes para conocerlos personalmente, pues un movimiento estudiantil situado ideológicamente en las antípodas del guevarismo castrista – que abruma a la juventud universitaria de un extremo a otro de nuestro continente, particularmente en México - le pareció un fenómeno absolutamente insólito.
Por esa misma fecha, la Fundación Bicentenario Simón Bolívar de la USB en la que compartimos anhelos Pompeyo Márquez, Inés Quintero y otros intelectuales venezolanos y cuya Secretaría Ejecutiva me honro en ocupar tuvo la feliz iniciativa de proponerle al Consejo Universitario la concesión del Doctorado Honoris Causa a Mario Vargas Llosa, sin duda ninguna el escritor latinoamericano más prestigiado en el mundo entero. Las razones estrictamente formales tenían que ver con la celebración del cuarenta aniversario de la fundación de la USB. Las razones intelectuales son de tanto relieve, que ni siquiera es necesario volver a recordarlas. Pero nos parecía aún más trascendente su enconada lucha por la libertad y la democracia en un hemisferio en que los intereses de ambos valores se encuentran a la baja. Más aún: defender la democracia y la libertad desde una irrestricta defensa del pensamiento liberal convierte a Vargas Llosa en una auténtica rara avis del escenario intelectual y artístico latinoamericano. Es un hecho incuestionable: ni la democracia ni la libertad, ni muchísimo menos el liberalismo, cuentan con buena prensa en nuestra región. Asolada desde el siglo XVIII por el virus del mesianismo enciclopédico y enferma de caudillismo desde los tiempos del descubrimiento y conquista. Caudillismo acoplado desde la aparición del fenómeno castrista a los devaneos insurreccionales que ya constituyen parte consustancial de nuestro folklore político.
Dada la atribulada confusión política e ideológica que nos aqueja, tener entre nosotros a Mario Vargas Llosa, así fuera por algunas horas y en el marco de un evento estrictamente académico, no podía ser más fructífero. El Consejo universitario no tardó en concederle el Doctorado Honoris Causa y cursarle la invitación formal para que viniera a recogerlo. La fecha escogida fue el lunes 8 de diciembre. Cartas van cartas vienen, mediante la grata asesoría de Rocío Guijarro, gerente de CEDICE, el hecho cierto es que don Mario Vargas Llosa, Premio Rómulo Gallegos de novela – se lo entregó en su momento nuestro querido Simón Alberto Consalvi – se encuentra desde ayer en Caracas. Y coincide su presencia, vaya casualidades del destino, con la venida a Venezuela de Enrique Krauze, quien nos acaba de presentar su última obra. Un deslumbrante y polifacético trabajo biográfico, ideológico, crítico y periodístico sobre el fenómeno de nuestra tardía modernidad, el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías. Actual presidente de la república por la gracia del destino. Una obra de la que me atrevería a afirmar, parafraseando a nuestro querido Julio Cortazar, que será, sobre el tema que aborda, “todas las obras la obra”.
Helos aquí: Enrique Krauze y Mario Vargas Llosa, una vez más en Caracas. Un hecho de singular significación, dado que el amanecer que vaticinó Enrique Krauze parece asomarse por sobre las cimas del Ávila, nuestro señorial emblema. Y si en su visita anterior el marco socio-político estuvo puesto por la derrota del Referéndum Constitucional propuesto por el presidente de la república, la visita actual se cumple cuando aún no se apagan las luces de artificio de la celebración del 23 de noviembre. Los tiempos se anuncian buenos. La visita de nuestros queridos amigos se cumple bajo los mejores augurios.
Una gran dosis de liberalismo: es lo que necesita América Latina, a la que tanta falta le ha hecho desde su Independencia. Comenzando por Venezuela, que tocada por la desgracia de fastuosos ingresos fiscales – el mal del petróleo – se hizo a la aventura del siglo XX prisionera de la estatolatría y el clientelismo populista más desaforados. Si en alguna de las naciones de América Latina ha dominado el ogro filantrópico de que hablaba Octavio Paz, una de las más lucidas conciencias de la modernidad latinoamericana – y Enrique Krauze, su mejor discípulo, sabe de qué hablamos – ha sido precisamente en Venezuela. Incluso su mejor producto histórico, que no son ni la independencia ni Simón Bolívar, sino la democracia popular y Rómulo Betancourt, no pudo sustraerse al influjo paralizante de los presupuestos fiscales, abultados de manera grosera e inconsciente por el baile de los millones del barril petrolero. Con sus secuelas de clientelismo y corruptocracia.
La benéfica influencia del liberalismo anglosajón de Andrés Bello sobre la sociedad chilena aún se hace sentir. Sirvió a la estructuración del Estado y a la clara delimitación de sus facultades frente al poder del individuo y las iniciativas privadas. En un sano intercambio de esferas de influencia. Pues Bello, antes que el conservador de que denostaran los pelucones chilenos, fue un ejemplar pensador liberal. Libre de ataduras y de atavismos iberoamericanos gracias a su larga y dolorosa pasantía por la Inglaterra de comienzos del siglo XIX. Y a su experiencia en la administración colonial bajo el gobierno de Emparan, uno de los más sorprendentes caso de liberalismo hispano. Sin la tradición política e intelectual sentada por Bello en tierras chilenas no cabrían estadistas de tanta alcurnia y templanza como Ricardo Lagos o Eduardo Frei Ruiz Tagle. La furia de los elementos quiso privárnoslo. Y él debió morir lejos de su Catuche natal. El precio que hemos pagado es incalculable.
Ciertamente: dispusimos de un Cecilio Acosta a mediados del XIX y de un Alberto Adriani un siglo después. Fueron voces aisladas en medio del bullicio de las turbamultas. La obra a su muy peculiar manera liberal de Rómulo Betancourt debió tropezar con el paternalismo preconciliar de Rafael Caldera. Y la ausencia de referentes liberales ante las presiones de la socialdemocracia y del socialcristianismo obstaculizó la emergencia de un pensamiento y de una acción que reivindicaran el libre mercado y la iniciativa privada, en el plano económico, y la tolerancia y la solidaridad en el plano político.
De esa resonante ausencia – Uslar Pietri prefirió la literatura a la política y dejó vacante un liderazgo que desde mediados de los cuarenta reclamaba por una referencia liberal ilustrada en nuestro país - y de la decadencia de la social democracia y del socialcristianismo venezolanos surge esta crisis terminal. Y el desaforado despliegue del más brutal clientelismo populista. Y bolivariano, para mayor Inri.
Venezuela, como nuestra región en su conjunto, vive hoy la grave disyuntiva de los tiempos de la globalización. O nos modernizamos, adecuándonos estructuralmente a los requerimientos de la economía global, o permanecemos prisioneros de la catalepsia de la regresión. Es la forma actualizada de la vieja disyuntiva entre civilización o barbarie que estuviese en los orígenes del pensamiento liberal en América Latina..
El proceso que vive Venezuela constituye el colmo del absurdo: vivimos la revolución más reaccionaria de nuestra historia, para nuestro mal tan llena de revoluciones. Si de algún amanecer cabe la palabra, es del despertar de la conciencia individual, de la reivindicación plena de los derechos del sujeto y la decidida intervención de todos los grupos de presión para acotar el área de influencia del Estado y ampliar tanto como nos sea posible el de la influencia de la libre iniciativa. Requerimos tanto libre mercado como nos sea posible. Y como tan bien señalan los pensadores liberales, tan poco Estado como haya menester. Ese es nuestro mayor desafío.
La presencia de Enrique Krauze y de Mario Vargas Llosa entre nosotros no constituye ninguna coincidencia. Expresa el excelente síntoma de los nuevos tiempos: la apertura hacia nuevos horizontes históricos.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Venezuela, vocación social, y concentración de poder
lunes, 24 de noviembre de 2008
Venezuela está cansada del discurso confrontacional
Carlos Loret de Mola conversa con Enrique Krauze sobre las elecciones en Venezuela. 24 de noviembre
Enrique Krauze conversa sobre "El poder y el delirio" con Marisa Iglesias. Milenio TV, 23 de noviembre.
Chávez, el golpeteo del socialismo del siglo XXI
Carlos Puig conversa con Enrique Krauze sobre los resultados de las elecciones venezolanas. 24 de noviembre.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Los caudillos surgen cuando se descuidan las democracias
Entrevista de Enrique Krauze con Leonardo Curzio, en el programa Enfoque Matutino.
Leonardo Curzio (Enfoque matutino, 19.11.08)
martes, 18 de noviembre de 2008
Chávez representa el abuso de la historia para fines de poder

Básicamente Hugo Chávez se apoya en Benito Juárez, en Bolívar, incluso en la mesa del Gabinete hay una silla vacía.
Eso se dice, es una leyenda. Parece que tuviera un contacto directo como espiritista con Bolívar.
Lo ha dicho, él es su representante en el siglo XXI, el nuevo Bolívar.
El uso de la historia consiste en cosas como ésta. Bolívar era un ilustrado del Siglo XVIII, un republicano, un hombre que luchaba por la libertad y su idea era una federación de Repúblicas.Hugo Chávez toma y saca de contexto declaraciones, palabras de ese gran escritor, que además de todo fue Bolívar. Por ejemplo, cuando Bolívar habla de lo lamentable que es el "espíritu de partidos", decir esto a principios del Siglo XIX, significaba que había mucho encono entre las personas. Chávez lo que dice es: "Ya ven ustedes, los partidos políticos de Venezuela no deben de existir, porque ya lo decía Bolívar".Cuando Bolívar vivió y murió, ya la idea estaba en el aire. Entonces, eso es hoy un abuso. El uso de la religión, el uso de la fe popular, el uso de las más entrañables creencias de la gente, el uso del gran héroe, que es Bolívar, el uso de todo eso ¿para qué? Bueno, para la concentración del poder.También yo en mi libro entrevisté a muchos chavistas de alto nivel, ministros, ex ministros, intelectuales, académicos, es un libro que es un libro ponderado, crítico, pero es un libro respetuoso; yo no lo considero un bufón, yo creo que es una persona que hay que tomar muy enserio.
Joaquín López Dóriga (en Grupo Fórmula, 18.11.08)
Siempre está latente la sombra del caudillo

Krauze afirma que la lección más importante que le dejó la realización del libro El poder y el delirio (Tusquets, 2008), es que las democracias se pierden, como se perdió la de Venezuela en los años 90 tras la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia.
"He aprendido una lección que me parece invaluable, y es el modo en que Venezuela perdió esa democracia liberal que les costó tanto trabajo construir. Se desvirtuó con la llegada de un líder carismático que, aunque ha ido ganando las elecciones en los últimos años, también ha ido restringiendo las libertades y concentrando el poder de tal manera que se va asfixiando la democracia.
"La democracia venezolana se suicidó porque sus élites rectoras, empresariales, mediáticas, políticas, intelectuales, culturales, sindicales, la dejaron morir. Todas estas cosas son lecciones de lo que en México no debemos permitir".
¿Hay en México algún peligro para la democracia?
Está el tema del riesgo del narcopoder; que haya una infiltración mucho mayor en los procesos electorales es algo en lo que el IFE y los partidos tienen que estar muy atentos. Ese es un peligro real, estaríamos corriendo un riesgo muy grande de desvirtuar la democracia por la vía del narcopoder.
¿Tampoco están dadas las condiciones para el surgimiento de un caudillo como Chávez?
Estuvieron dadas y ese caudillo surgió, ahí está, y pueden surgir otros caudillos. Siempre está latente en nuestros países la sombra del caudillo. Nuestros países nacieron de un orden monárquico; cuando se hunde el trasatlántico español y surgen las repúblicas latinoamericanas, se proponen ser repúblicas democráticas liberales, con el ideal republicano clásico, pero no lo logran porque las sociedades mismas no son republicanas. Nos ha llevado dos siglos, pero entre golpes de Estado, revoluciones y caudillos, a trompicones, algunos países han ido consolidando sus democracias. En México nunca ha dejado de haber caudillos, pero el caudillismo digamos que se institucionalizó con la Presidencia del PRI, era una especie de caudillo que cada seis años tenía que bajarse de la silla. El carisma no estaba tanto en la persona del Presidente, sino en la institución presidencial.
Las ocho de la mañana. Ya nos amaneció, pero tenemos que saber administrar y planear bien el día y no confiarnos.
Los estudiantes en Venezuela han jugado un papel muy importante en diversos momentos, el más reciente en diciembre del año pasado. ¿Qué papel tienen los estudiantes en México?
Los estudiantes mexicanos son un sector muy consentido que no tiene idea de lo que significa perder la democracia y la libertad, y entonces, o están entregados a una especie de hedonismo más o menos adolescente, o son adolescentes fósiles o en algunos casos siguen con la ensoñación revolucionaria, no de tomar ellos las armas, pero sí admirando a figuras de la mitología revolucionaria, sin darse cuenta y sin conocer de verdad lo que esas historias implicaron. Los estudiantes venezolanos han madurado tan rápido porque vivir el peligro de una sociedad totalitaria moviliza a los jóvenes, es como quitarles el futuro. En México, la misma suavidad de la transición democrática ha vuelto perezosos y algo irresponsables y hedonistas a nuestros jóvenes.
¿Y eso no se convierte en un riesgo?
Claro que sí, porque ¿dónde están los nuevos liderazgos políticos?, eso sí debería preocupar a los partidos, que no están atrayendo a los jóvenes, porque no hay una oferta para ellos. Es difícil que la juventud mexicana entienda a fondo lo que es la democracia liberal y espero que no tenga que llegar el momento en que perdamos la democracia liberal para que despierten.
¿Presentará el libro en Venezuela?
He querido que mi presencia en Venezuela sea a través del libro, de mis ideas plasmadas en el libro; la presencia personal mía quizá pueda ser interpretada como un acto de protagonismo inadmisible.
Karla Garduño (Reforma, 18.11.08)
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Rómulo Betancourt (1908-2008)
El olimpo del socialismo liberal latinoamericano dejó huellas más o menos indelebles en su época: Víctor Raúl Haya de la Torre (Perú, 1895-1979), Juan José Arévalo (Guatemala, 1904-90), José Figueres (Costa Rica, 1906-90), Juan Bosch (República Dominicana, 1909-2001) y el venezolano Rómulo Betancourt.Todos supieron de cárceles y exilios. Arévalo (1945) y Betancourt (1959) llegaron a la presidencia en comicios limpios; Figueres, por vía armada (1948), y Bosch (el más lúcido del quinteto) fue elegido democráticamente (1961), pero dos años después lo derrocó un golpe militar. Haya de la Torre nunca ejerció el poder.
Escritores prolíficos, algunos de sus libros hicieron historia: El antiimperialismo y la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA, Haya de la Torre, 1936); Fábula del tiburón y las sardinas (Arévalo, 1961); De Cristóbal Colón a Fidel Castro y Pentagonismo: sustituto del imperialismo (Bosch, 1970 y 1973).
Figueres y Betancourt acabaron como adalides de la Alianza para el Progreso (1961), aquel engendro de Washington con dedicatoria a la revolución cubana. No sorprende, por tanto, que Enrique Krauze se conduela de que el natalicio centenario del venezolano haya pasado “casi desapercibido” (“Lecciones venezolanas”, Reforma, 2/11/08).
Conocedor del mercado cultural, Krauze mata tres pájaros de un tiro: exalta el perfil político de una momia más antigua que las de Guanajuato, anuncia la aparición de su próximo libro (“… dedicado a Hugo Chávez”), y nos advierte que el “tirano de Venezuela” tendría un clon en México. ¿Quién será?
Krauze insinúa que el “triunfo de la antipolítica en Venezuela” (sic) sería causa del olvido de personajes como Betancourt. Más aún, critica “los intereses de corto plazo” de los empresarios venezolanos y nos dice que la legitimidad de Chávez habría sido reforzada por la exitosa telenovela Por estas calles, que en 1992 (año del levantamiento de Chávez) narró la historia de un gendarme que “… asqueado de la política y los políticos decide tomar la justicia en propia mano”.
Algo de razón, le va. Por aquellos años, la única felicidad del pueblo venezolano era ver telenovelas, en tanto los sectores sociales gordos de recursos y flacos de ideas leían de vez en cuando interpretaciones dulzonas de su historia, como las que el “maestro” escribe en México.
¿No recrean las páginas de Krauze un clima similar al de los hipnóticos óleos de Jesús Helguera, el pintor chihuahuense que trabajaba por encargo de la fábrica de cigarros La Moderna? Diga si Esperanza campesina, La leyenda de los volcanes, Centinelas de la patria y, por sobre todo, Caballero águila, no armonizan con las ideas del intelectual menos estresado del Anáhuac.
En Venezuela, estima Krauze, la “miopía” de los empresarios habría liquidado el espíritu democrático del famoso pacto del Punto Fijo (1957), suscrito en Nueva York por Betancourt (Acción Democrática, AD), el democristiano Rafael Caldera (Comisión Política Electoral Independiente, COPEI) y Jovito Villalba (Unión Republicana Democrática).
Aquel pacto se propuso terminar con el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez (1952-58). Sin embargo, antes de que el pueblo lo conociera, el puntofijismo recibió el visto bueno del Departamento de Estado, la Central de Inteligencia Americana (CIA) y la Fundación de Nelson Rockefeller, magnate a quien don Rómulo llamaba cariñosamente “mister Rocke”.
Calificando el periodo puntofijista (1959-1993) de “… insólita convivencia política” y “… progreso social indiscutible” (sic, íd.), Krauze asegura que el pacto “… anticipó por casi 20 años al de la Moncloa y 42 años de la transición mexicana”. Algo que su admirado Karl Popper objetaría, diciendo que la falsabilidad corre el riesgo de la refutación empírica.
En febrero de 1963, en gira presidencial, “el demócrata más notable de la historia latinoamericana” (sic) llegó a Puerto Rico y allí, devolviendo las lisonjas del gobernador colonial Luis Muñoz Marín, manifestó: “He dicho siempre que pocos hombres públicos han luchado con más agónica devoción por su pueblo, por la independencia, por la democracia…”, etcétera.
A eso se le llamó Doctrina Betancourt, versión actualizada de la Monroe. “Por donde iba –escribe el sociólogo D. F. Maza Zavala– Betancourt se presentaba como el anti-Fidel Castro, el campeón del anticomunismo en nombre de la democracia”. Y cuando murió (1981), Ronald Reagan habló del “patriota venezolano” que “luchó contra dictadores de izquierda y derecha…”
Para otra ocasión dejaremos la historia de los torturados y asesinados por el ex presidente Carlos Andrés Pérez, cuando era ministro del Interior de Betancourt. Por ahora, digamos que el “suicidio” (sic) de la democracia venezolana podría corresponderse con el comentario de Rafael Caldera luego de la masacre del pueblo de Caracas: “No se le puede pedir al pueblo que defienda la democracia, cuando tiene hambre” (1989).
Tragedias que hombres serenos como el doctor Krauze admiten, pero implícitamente justifican como resultado del “libre mercado” y el costo de una economía global en expansión.
